Jeremías 29:11

“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros”–declara el SEÑOR– “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”.
Mis #mamascolegas hermosas, me encanta saludarles! y a todos los lectores que por alguna razón llegaron aquí, también!
Hoy me place compartirles una anécdota muy reciente de mi vida en la que Dios me miró con una sonrisa y me reconfirma que sus planes siempre van con más precisión y perfección que los que yo quiero organizar.

Si me has leído antes, sabrás que hace 4 meses empecé a trabajar después de haber estado 2 años y medio con Samuel en casa, deseando con prontitud empezar a trabajar en mi gran pasión: el periodismo.
El trabajo no fue el de mis sueños ni el más buscado. Es más, hasta hace muy poco había empezado a entender acerca de los aprendizajes que la vida quería brindarme a través de estar en ese lugar…
¿Qué hace una loca como yo que muere por ir de calle en calle, lugar en lugar entrevistando personas, contando historias, generando cambios siempre con un micrófono o cámara en frente, metida de 7.30 am a 5.00pm en la mesa de recepción de una oficina dental? Dime tú.
El primer mes fue garrafal, y sé que exagero porque al final de cuentas siempre puede ser peor… Además, estar sentada y con aire acondicionado no igualará jamás  el estar de pie y bajo el sol…

Pero otra vez, siempre la circunstancia puede ser peor.
Yo quería irme… no solo porque no era el ejercicio de mi profesión – al final esta era una excusa más en la lista – sino porque cuando te empiezas a enfrentar a nuevos retos “no elegidos al 100%” empiezas a ver más las incomodidades de salirte de la zona de confort que reresenta estar en casa, “que nadie te exija nada”, que no haya el corre corre, ni el trancón, ni el uniforme sin lavar, ni la comida que preparar, ni el horario que hay que tener lleno todos los días porque eres la encargada de llenarle el horario al doctor… Y bueno.
Si les cuento que luego apareció esa persona tóxica compañera de trabajo que se encargaba de agriarme el día más. Seguramente ella ni cuenta se dio, pero a mí me hizo hasta llorar. Entonces en medio del acelere del día a día dentro de la oficina esa persona estaba encima de mí mirando qué hacía y que no y si lo estaba haciendo bien, regular o mal… Una persona que lo cree saber todo y aprovechaba cada segundo para extenderse en palabras y hablar y hablar y no callar… Y no era mi jefe. En esos momentos salían pensamientos como: “¿Qué carajos hago yo acá? Igual esto no es lo mío. Qué tengo que estar aguantando tanta mierda… a mí que me saquen la mierda en una sala de redacción. No acá.

Poco a poco entendí, entre libros, oración y llanto, que siempre que vivimos una circunstancia que no comprendemos, algo nos está enseñando … y hasta que no se aprenda lo necesario… esta no va a cesar en su labor. Mi compañera no cambió, pero mi actitud sí y actualmente estoy tranquila… acá he venido a crecer en paciencia y tolerancia, además de a ser una persona más servicial. Y me gusta.
Pero aun aquí no está el espaldarazo de amor que me dio ayer mi Dios…
Para hacerles cuento largo menos largo el mundo es un pañuelo. Mi jefe, después de 3 meses de tenerme como su empleada se entera de que yo soy la hija de un gran amigo de la época universitaria. La emoción no tuvo límites. No se volvieron a ver desde 1992 y pues, hasta hace una semana, que mi padre vino a Miami al cumpleaños de mi hijo, se reencontraron. Que las casualidades de la vida son grandes y que las Dioscidencias existen el Docto, como por hacer un chequeo, revisó dentalmente a mi papá y, en menos de dos horas, estaba interviniéndolo quirúrgicamente porque le habían hecho un tratamiento malo en Colombia y tenía una afección que, si mal tratada o no tratada a tiempo podría haberle ocasionado hasta une meningitis o no, pero ahí está el detalle…
No necesito darles más detalles para simplemente compartirles que si en ese primer mes de trabajo yo hubiese decidido dejar de trabajar, a lo mejor no estaría contando esta historia. Quizás no me entiendan del todo, pero para mí fue milagroso el plan perfecto y organizado que tenía Dios poniéndome en un lugar donde encontraría a una persona que aprecia tanto a mi padre y que además ayer le dio una ayuda en salud de la que quizás más tarde que pronto nos habríamos tenido que enterar.
Ayer Dios me sonrió y me dijo: “Ay mi niña, mis planes son perfectos… y yo los tengo claros”.. Lo que más me postra de rodillas en agradecimiento es que tengo la certeza de que esto no para. Que Dios sigue obrando y que, trabajando duro, siendo agradecido y entregándolo todo a EL, vas a ver la victoria!

Las quiere,

Ginethe Ayala (la mama de Samuel)

 

 

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